Portrait of myself

Día de introspección. Las horas de ayer resultaron ser más banales que los minutos finales de la noche. Al ocultarse la luz de la tarde que me revela ante el mundo contemple una vez más la belleza de mi ciudad natal, arropada con el color intenso de la noche, simplemente me perdí.

Mi búsqueda interna de los “porqués” se presentó, ahora con mayor intensidad. Por momentos me encontraba en ese sitio en el que las posibilidades eran enormes, momentos efímeros y todo seguía igual. Severamente trate de reprimir mis sentidos, no fue necesario, divagaba sin divagar, solo yo.

Resulta difícil comprender tanto, deshilar tantas ideas, liberar tantos pensamientos. No fue imposible, solo exhaustivo.

Desprendida de mi ‘yo’ material, martirice todas las situaciones; solo para volver a integrarlas a su carpeta mental en la cual debían ser clausuradas.

Los sonidos de mi reproductor desenfocaban mis pensamientos a la total ecuanimidad. Comienzo a externar: “fuck you…fuck you very, very much, cause i hate what you do…”, y me permito la distracción sin tratar de formar relación alguna con mi intención final.

Vuelvo al punto en cuestión. Después del repaso, las clausuras, los desechos y la interioridad, creo que todo está hecho. Mi entorno solo transmite el desasosiego que me invade. No presto atención, aunque mi travieso subconsciente mira, aprende y tal vez hasta disfruta presenciar las situaciones inciertas en una noche de cotidianeidad.

No hay estrellas. La espesa capa negruzca las devora y las aguarda. Aun así, no las necesito. Simplemente me pregunté donde estarían.

Mi insatisfecha curiosidad me implora actuar y complacerla. No lo hago, ni siquiera dejo que el pensamiento se forme, lo ignoro.

Dejo pasar los segundos, comienza a elevarse el humo que llega desde algún lugar cercano. Sigo mi camino. Ya nada es igual.

Los pensamientos se distraen, buscando conformidad. Mi vicio material se hace presente, y lo dejo integrarse a mi estadía.

Camino con el rumbo designado a mi noche. Despego los pies, y vuelvo aterrizar.

Contemplo el matiz de mi conformidad y sigo adelante. Todo parece normal. La rutina sigue su curso.

Las horas aun no terminan, pero los pensamientos han encontrado su nicho. Solo resta apretar el apagador, difícil, casi como un reto. Mis dedos continúan dejando recortes de mi vida, y no los culpo. Saboreo mi delicadeza amarga para tratar de “endulzar” los últimos minutos de conciencia. Parece funcionar. Mientras restan los segundos declamo mi favoritismo y simplemente me dejo llevar…

¿Cuanto se puede? Quiero saber, para comer…y te convido, y pido que no tengas sed. La emoción mese, crece y te quiero ver. Puede que te quiera secuestrar, y después te vaya a torturar, no sé. Pero solo quiero contemplar cuantas de tus pecas puedo yo entender. Porque ya no puedo esperar, quiero que te vengas a tomar un té. Y entre todo este bienestar me acuerdo que ya despegue los pies. Me encimo, afino, termino y descubro que… el cuento que cuento, no siento que quiera ser. Y el humo consumo, que imagine. Enciendo y entiendo que no te conozco bien.

Un sentimiento de desnudez me invade. Se terminan mis segundos. Los dejare seguir.