¿Quién eres? ¿Qué eres?

August 24, 2019

De la verdad.

August 24, 2019

Cuándo es suficiente

August 24, 2019

Hace muchos años que dejé de escribir lo que pienso, lo que siento, y no es casualidad que en momentos difíciles uno regrese a lo básico, a lo que verdaderamente te genera algún tipo de alegría o satisfacción.

Cuando uno regresa a esas cosas que tenía olvidadas bajo el polvo del presente, sólo puede significar una cosa, algo sucedió, o algo no sucedió, o simplemente algo no es como debería ser.

Siempre he sido una persona que pide muy poco, en general, de cualquier situación, de cualquier persona, porque no hay nada más bonito que ser y dejar ser, y pocas veces hago cosas que van en contra de mi pensamiento libre, de mi esencia;, y desafortunadamente, en esta ocasión, siento que le di la espalda a todo, a todos, a mis pensamientos, a mi instinto e incluso a mi misma. No es un sentimiento agradable.

Toda mi vida me he visto como una guerrera, que lucha por lo que quiere y los que quiere, y puede que parezca todo lo contrario, puede que parezca “valemadre”, que no me importa nada, ni nadie, pero no es así. Las personas importantes en mi vida, siempre serán importantes, sigan o no en mi vida, porque cada una me ayudó a ser quien soy hoy, bien o mal, con experiencias buenas y malas, pero al final, eso es invaluable.

Sin entrar en detalles que al final no aportarían nada a esto, siento que me perdí, que me traicioné, que traicioné todo aquello en lo que firmemente creo, y no me culpo, sé que di un salto de fe y que en vez de tomar decisiones crudas, me di la oportunidad de hacer las cosas de forma diferente, mediar, evaluar y solucionar, o por lo menos tratar. Pero creo que no fue lo mejor, no me arrepiento, pero ese salto de fe, me llevó a un resultado muy difícil de afrontar. Difícil, porque me di cuenta poco a poco como me iba perdiendo a mi misma, mi esencia, lo que me hace ser yo, como individuo y me dejé llevar a momentos y situaciones que nunca habían habitado en mis pensamientos, y que al final, me dejaron como un ente a la deriva.

Cuando comparto estos momentos con la gente que me aprecia, no lo pueden entender, no imaginan como pude llegar a los niveles de desconocimiento de mi propia vida, y bueno, yo tampoco lo sé. Sólo sé que me di cuenta, que tuve que salirme de la situación y verme desde afuera, evaluar lo que sucedía y como esto afectó por completo mi individualidad. Me convertí en alguien que no soy, que no quiero ser, en alguien que no existe en mi memoria o pensamiento, y ese fue un golpe muy duro. Más duro en el autoestima que en la personalidad, pero al final muy difícil.

La parte buena de todo esto, es que me di cuenta, tarde o temprano, pero me di cuenta de que todo lo que soy, ha sido gracias a las experiencias, a los golpes de la vida, a lo bueno y lo malo, a las decisiones que he tomado, pero que sin duda me han dejado un basto aprendizaje de vida. Lo que recapitulo de mi fuerte caída es que me da más herramientas para sobreponerme día con día, que no es el fin del mundo, que tal vez lastimé personas, pero que no puedo lastimarme a mi misma, no puedo dejar de ser quien soy, por nada y por nadie, porque al final, sólo me tengo a mi.

Ha sido un camino difícil, más no imposible, porque creo en mi, en lo que siento, en lo que quiero y en lo que sé que puedo lograr, porque incluso aunque haya caído y tocado fondo, sé que podré recuperarme, abrazarme y siempre esperar que lo mejor para mi, está por llegar.